Habilidades blandas: por qué serán clave en las búsquedas laborales

Habilidades blandas: por qué serán clave en las búsquedas laborales


Para conseguir un trabajo, crecer en una posición o cambiar de empresa se necesita más que un título o experiencia profesional. Qué son las "competencias blandas" y por qué serán cada vez más requeridas.

Estamos despiertos y activos. Gran parte de esas horas están enfocadas en lo que se vuelve nuestra segunda o, incluso, primera casa: el trabajo. Nuestro día, en general, se construye en equipo: junto a las emociones, capacidades y talentos con los que cada uno se levanta.
Si nos sentimos cómodos en un grupo, trabajamos mejor. La inteligencia colectiva sólo se logra con otros y la buena noticia es que nuestro cerebro está preparado para entrenarse. Hay una serie de competencias que, a esta altura, ya no se cuestionan en importancia. Son las denominadas habilidades blandas o soft skills, que ganan un rol cada vez más protagónico en el escenario laboral.

“Se refieren a la capacidad de relacionarse con los demás y con uno mismo, en un contexto determinado. Son intangibles, competencias que hacen a la condición humana. Si bien las tenemos incorporadas, también se desarrollan de manera consciente. Son blandas o soft porque justamente pueden aprenderse. Son plásticas”, explica Andrea Queruz Chemes, especialista en Psicología Corporativa.
De acuerdo a un reciente informe de LinkedIn, la red social por excelencia para encontrar trabajo, las habilidades blandas más demandadas por las empresas son la creatividad, la persuasión, la colaboración, la adaptabilidad al cambio y el manejo del tiempo. Además, el 57 por ciento de los puestos senior consultados por esta plataforma valoraron estas características por encima de las habilidades duras o técnicas.

En equipo

Para aclarar los conceptos, resulta clave la mirada de Daniel Goleman. Psicólogo y periodista científico que escribió durante años en New York Times sobre las ciencias del comportamiento, agrupa a las capacidades personales en tres categorías: “Las habilidades puramente técnicas; las capacidades cognitivas como el razonamiento analítico y las competencias que son reflejo de la inteligencia emocional, como la capacidad de trabajar en equipo y la eficiencia para dirigir un proceso de cambio”.
 
Aquellas personas que tienen más desarrollada su inteligencia emocional serán mejores líderes y más positivos. Así lo explicó Facundo Manes, el reconocido neurocientífico durante la conferencia en Córdoba convocada por La Voz en junio pasado: “Se trata de la capacidad para reconocer las emociones que uno siente, modificarlas y también reconocer las emociones en el otro. La inteligencia social es imaginar que el otro piensa o siente diferente a nosotros y poder sentir la alegría o tristeza del otro. La gente que tiene más inteligencia social o emocional generalmente tiene mayor liderazgo que la gente que tiene más coeficiente intelectual”.

En sintonía con los otros

Un título universitario, una especialización o años de experiencia no garantizan que alguien sea el mejor candidato para un puesto laboral. “Con el conocimiento solo, con las competencias hard, no hacemos nada. Es necesaria la capacidad de comunicar, de transferir experiencias. Y eso se logra en la relación con los otros. Es la única forma de construir a partir de la diversidad y potenciarnos”, indica Queruz Chemes.

Las soft skills conectan a las personas desde las emociones. “Son el puente para transformar las ideas, los pensamientos y objetivos en resultados conjuntos. Se refieren a los comportamientos que podemos tener para que las cosas fluyan, desde la actitud que tomamos hasta cómo dialogamos, cómo nos auto motivamos, cómo lideramos, cómo inspiramos, cómo colaboramos, cómo sumamos desde la diferencia con otros”, define Isabelle Siccardi, directora de Dextra Consultora, quien acompaña a las organizaciones para generar una cultura productiva y motivadora.
 
De esta manera, las competencias blandas van a incidir en la relación con un superior, con un cliente o con un grupo. Lo primero, desde la mirada de Goleman, es comprender las propias emociones, las debilidades y en una especie de “conversación interior”, aprender a manejar los impulsos. Son más eficientes a la hora de relacionarse con los demás aquellos que logran controlar sus emociones y demostrar empatía. 
 
“También la motivación contribuye a la capacidad social. La gente motivada para obtener resultados suele ser optimista, incluso ante los fracasos. Su pasión por el trabajo se contagia”, puntualiza Goleman. En palabras de Manes, hay tres factores que llevan el “éxito de un equipo”: altos niveles de empatía entre los integrantes, varias voces dominantes y la diversidad de género.
Dejar de lado egos y orgullo para entrar en sintonía con otros es un gran desafío de este y de todos los tiempos. Pasa con una pareja, con la familia, con amigos y claro, con compañeros de trabajo.
“A partir de nuestra actitud y de nuestros componentes relacionales, podemos atraer o alejar a alguien, podemos transformar una diferencia en una oportunidad o generar un conflicto”, asegura Queruz Chemes. 
Aprender y desaprender, convertir una crítica en un espacio constructivo es otro desafío.
 
“Muchos jefes critican con gran facilidad pero escatiman los elogios, dando la impresión de que sólo subrayan un trabajo cuando está mal hecho. Hay que mencionar lo que se hizo bien, lo que estuvo errado y cómo podría cambiarse, aportando una solución. De lo contrario, deja a quien lo recibe frustrado o desmotivado”, amplía Goleman.
Una mención especial merece el buen humor. Los estados de ánimo positivos hacen que la gente sienta más confianza para alcanzar un objetivo, fomentan la creatividad, la capacidad de tomar decisiones y predisponen a ayudar. En su libro sobre liderazgo, Goleman cuenta además que las risas son “un termómetro de la temperatura emocional” de un equipo. Indican que la gente tiene una conexión de corazón, además de mental. Una buena carcajada es una muestra de confianza.

De Córdoba a Google

Maximiliano Bustos llegó a estudiar a Córdoba desde La Rioja. Eligió el FaMAF, la cuna de la Matemática, la Astronomía y la Física de la UNC. Mientras rendía sus materias, referentes de Google se acercaron para presentar un programa de pasantías. Maxi aplicó, sin saber que lo suyo sería un viaje de ida.
 
Primero arrancó con una pasantía en Google + y hoy forma parte del equipo de Gmail que trabaja en las oficinas de Mountain View, California.
 
“Desde el liderazgo de la compañía, aplicar lo de ‘poner a los usuarios primero’ aplica para poner a los empleados primero también: cómo se preocupan o buscan generar espacios para que la gente se sienta cómoda, libre y pueda desarrollarse en su máximo potencial. Entonces, después tenés gente contenta o comprometida que dedica su tiempo a generar productos que le dan mucho valor a los usuarios”, explica Maximiliano. 
Desde su experiencia, las habilidades blandas son fundamentales, destacando la apertura mental y la tolerancia como aliados para un buen trabajo en equipo:
 
 
“Lo que pasa en Google es que muchos de los problemas que tenemos no son fáciles de resolver. Muchas veces las soluciones tienen que ser inventadas y necesitamos de una construcción colaborativa”.
A la hora de ponderar otras habilidades, menciona las ganas de aprender y la humildad. “Acá hay gente muy talentosa y seguro vas a encontrar a alguien que sabe mucho más que vos en cualquier tema. Muchas de las tecnologías que se estudian las crearon personas que trabajan acá”, puntualiza. Y también subraya el uso del tiempo: “Hay que maximizar la productividad para poder hacer el trabajo, cumplir con los objetivos y disfrutar de algunas otras actividades que te desconectan del trabajo o que te permiten estar más sano, mantenerte mejor”.
 
En una recorrida junto a Maxi por la mole de Google Cloud que se levanta en Silicon Valley, cada piso es una sorpresa. Espacios para el encuentro y la interacción con sillones o mesas de trabajo, vistas al campus desde diferentes terrazas, salas con instrumentos musicales o con juegos de todo tipo, bibliotecas, cocinas, espacios para practicar yoga, salas de masajes, cintas de correr y hasta Nap Pods, cápsulas para dormir la siesta. 

Experiencias locales

Cada organización tiene vida propia. Desde la disposición del espacio, el armado de los equipos y el tiempo dedicado a la formación, todo habla de su cultura y su manera de entender el trabajo. Recientemente, Mercado Libre inauguró uno de los siete centros de desarrollo de software que tiene Argentina. Al momento del estreno, la arquitecta Paula de Elía explicó a La Voz que la nueva sede se inspiró en un hormiguero como gran ejemplo de trabajo colaborativo. 

Por qué la nueva sede de Mercado Libre se inspiró en un hormiguero

“Buscamos democratizar el espacio y que la gente trabaje en equipo, se mezcle y se conozca”, indicó. En vez de escaleras, hay “hoyos”, similares a los de un hormiguero, que conectan a los diferentes pisos del edificio. A su vez hay lugares comunes que fomentan la interacción, junto con áreas de descanso, rincones más silenciosos, terrazas verdes. Todo está pensado para favorecer el desarrollo de las soft skills. 
 
Otro caso local es el edificio de Casa Naranja. “Apuntamos a que los más de 700 lugares de trabajo sean espacios pensados para las personas, donde se fomenten la colaboración y la comunicación. Además, cada piso cuenta con espacios alternativos e informales, de uso libre”, indica Eugenia Patiño, directora de Relaciones Humanas en Naranja. 
Y al momento de idear lugares más distendidos, crearon dos grandes zonas al aire libre, junto con un área de consolas cerca del comedor, “las preferidas para la sobremesa de los colaboradores”.
 
Actualmente, la compañía cordobesa impulsa un programa de liderazgo ágil en todo el país. En ese marco, uno de los ejes que abordan es la adaptación al cambio y el aprendizaje continuo.
 
De cara al 2020, el Foro Económico Mundial publicó un informe titulado, “El futuro del trabajo” en el que detalla las capacidades que serán valoradas entre quienes ingresen al mercado laboral: resolución de problemas complejos, pensamiento crítico, creatividad, liderazgo, capacidad de coordinación, inteligencia emocional, juicio y toma de decisiones, sentido de servicio, negociación y flexibilidad cognitiva.
 
Cada señalar que cada persona capitaliza de manera diferente estas habilidades y el aprendizaje se renueva. 
 
Queruz Chemes advierte: “Se entrenan de manera continua y no de una vez para siempre: tanto las personas como las empresas son sistemas vivos sujetos a permanentes cambios y desafíos en su evolución”.
Para comenzar a potenciar algunas habilidades blandas hay capacitaciones en línea de Linkedin y de Google. 

Fuente: Diario La Voz 



Instrumenta Informa


Ver mas novedades