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Smart Contracts: Contratos del Futuro

Smart Contracts: Contratos del Futuro


 

Nick Szabo, un experto informático, allá por la década del 90 esbozó el siguiente

paralelismo:
“Imagine una máquina que vende latas de refresco por veinticinco centavos. Si coloca
un dólar en esta máquina y selecciona un refresco, el aparato está programado para
entregarle una bebida y 75 centavos de vuelto. Otra opción es pedirle que seleccione
otra gaseosa o que le devuelva su dólar (en caso de que lo que haya elegido esté
agotado). Este es un ejemplo de un contrato inteligente simple. Así como una máquina
de refrescos puede automatizar una venta sin un intermediario humano, los contratos
inteligentes pueden hacer lo mismo con prácticamente cualquier tipo de intercambio.”

Como puede observarse, Szabo comparó un contrato inteligente con una máquina
expendedora, poniendo al descubierto la cotidianeidad con la que los contratos inteligentes se
desenvuelven en la vida diaria.
Si bien estos smart contracts o contratos inteligentes en un sentido literal podrían
sugerir una relación con la inteligencia artificial, la realidad nos muestra que tal idea no es
apropiada. En efecto, lo “inteligente” refiere al carácter de ejecución automática que poseen
los mencionados contratos.
Los smart contracts son contratos escritos en código de computadora que, cumplida
una condición pactada en una serie de reglas predispuestas por dos o más partes, se ejecutan
automáticamente y de manera inmediata. La diferencia con un contrato legal es la forma de
escribirlo y la manera en que se ejecuta. Un contrato inteligente se escribe en código de
computadora y se ejecuta automáticamente. Un contrato tradicional, en cambio se escribe en
lenguaje natural y debe ser ejecutado ante un juez, con todo lo que ello implica.
En otras palabras, son una nueva forma de hacer cumplir promesas (incluso promesas
entre extraños de distintos países).
El hecho de que no sean legalmente ejecutables no es óbice para visibilizar sus
ventajas: al ser ejecutados fuera de la leyes y jurisdicciones locales, la celeridad y eficiencia del
resultado esperado por las partes no podría estar mejor tutelado.
Por otra parte, los contratos inteligentes son inmutables: es decir, el código no puede
cambiarse. Recae esto en el beneficio de imposibilitar romper una promesa si uno no tiene la
oportunidad de hacerlo.
 
Los elementos esenciales de un smart contract son la autosuficiencia, la
descentralización y los activos digitales.
La autosuficiencia implica la existencia de un conjunto de reglas que rigen una relación
entre partes. El código del smart contract establece cómo proceder en caso de que las partes
cumplan y cuando no: estas reglas se ejecutan automáticamente.
La descentralización se refiere a que los smart contracts están típicamente asociados a
la tecnología blockchain. La red más utilizada actualmente para la ejecución de smart contracts
es Ethereum.
Por último, los smart contracts funcionan con activos digitales. Estos pueden ser, por
ejemplo, criptomonedas, tokens o incluso criptoactivos que representen bienes del mundo
físico.
Un inconveniente que presentan estos smart contracts radica en que no pueden
acceder a información externa: por ejemplo, no tiene acceso a información sobre el estado del
tiempo. Para que la ejecución de un contrato esté sujeto a una condición externa (por
ejemplo, a determinado nivel de humedad liberar el riego) se requiere de una tercera parte
que recopile tal información y la escriba en la blockchain. Esa fuente fedataria es lo que se
denomina oráculo.



Escrito por:

Alexis Zeballos

Abogado. Especialista en Criptomonedas, Blockchain y Trading



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